Weihnachtsspecial

 

 

Weihnachten rückt immer näher und wir wollen einmal eine Blick auf die Feierlichkeiten auf der ganzen Welt werfen. Wie feiert man Weihnachten in Kolumbien? Was für Weihnachtsmusik hören die Leute in Lateinamerika und was für Gerichte werden gekocht? Wie hat sich Weihnachten eigentlich in den letzten Jahren und Jahrzehnten verändert?

 

Wir wünschen viel Spaß beim Durchstöbern unseres Weihnachtsspecials!

 


“Lo que tiene de bueno el cannabis en la Navidad es que la gente no se pelea.”

Desde la colonia y dictadura a una navidad globalizada con Cannabis

 

 

Latinoamérica es conocida por el dominio de la iglesia católica. Sin embargo, Uruguay siempre ha sido más liberal que otros países de la región, en especial desde el año 2013 con la legalización de la Marihuana y la Ley de Matrimonio Igualitario que otorga los mismos derechos a personas del mismo sexo. ¿De qué manera afecta este escenario más liberal a las fiestas de navidad en Uruguay? ¿Existe todavía una navidad “tradicional” en tiempos de globalización?

 

Entrevista al Antropólogo Social Dr. Nicolás Guigou

Por Raúl Levin

 

 


 

¿Por qué se celebra la Navidad hoy?

Los diferentes cristianismos tienen su impronta, pero Uruguay no es un país en el cual lo religioso tenga el mismo peso que en el resto de América Latina. Uruguay está entre los cuatro países más laicos del mundo. Esto hace que sea una fiesta en parte desencantada y secularizada por el propio Estado. La Navidad es el Día de la familia. Hay una fecha oficial para la Navidad, que se celebra como feriado nacional, pero no es un feriado católico ni cristiano. Es importante de destacar, eso le da otras características con respecto al contexto latinoamericano. Es decir, el Estado mismo se encarga a principios del Siglo XX de desencantar la Navidad. Cuando digo desencantar, es permitir que haya una fecha donde se contemple a la gente que tiene determinadas creencias. La Navidad ha estado obviamente vinculada al nacimiento de Jesús, pero al mismo tiempo la puede celebrar gente que no es cristiana, o que participa de otras creencias o de ninguna. Cuando voy a una reunión de Navidad, se me hace difícil encontrar familiares, amigos o conocidos que sean cristianos, a pesar de que la gente quizás haya tenido tradiciones cristianas en su infancia. Nadie se está acordando del niño Jesús, está todo el Mundo comiendo mucho, tomando mucha sidra, vino, incluso fumando marihuana que es algo legal en Uruguay. Hay un porcentaje muy grande de ateos y agnósticos que no se adscriben a ninguna religión y que celebran la Navidad. Acá pasa a ser una fiesta nacional por decisión del Estado, pero extrayéndole el nombre Navidad, es de hecho el Día de la Familia. Oficialmente ese es el día, que se convierte en un día feriado.    

 

¿Cómo se celebraba la navidad en los comienzos de nuestra época colonial y cómo ha evolucionado desde entonces?

En la época colonial, la Navidad estaba mucho más vinculada con las mitologías cristianas y católicas, y, por lo tanto, Papá Noel no estaba presente. Sí estaban presentes los villancicos, los altares en relación con el nacimiento del niño Jesús, el obsequio de dulce que se hacía, y en muchos lugares se celebraba misa a media noche. Sin embargo, en los últimos 50 años, abarcando lo que ha transcurrido del Siglo XXI y parte del Siglo XX, hay cambios sustanciales en las últimas décadas de modificación de la celebración de la Navidad. En el sentido por ejemplo de que toda la puesta en escena de los pesebres y demás, aunque tenga una significación religiosa, puede ser ornamental y no necesariamente la gente, o sea una leyenda que pierde su eficacia simbólica como decimos los antropólogos, y que queda como una buena leyenda que es el nacimiento de Jesús. Después hay una presencia mucho más fuerte de la figura de Papá Noel, porque Navidad era el preámbulo. Ese proceso es la Papanoelización por así decirlo de la Navidad, en este momento, radical. Y eso cambia mitológicamente al asunto porque ya no te remite a un texto más universal como es la Biblia, sino que te remite a ciertas tradiciones europeas, que van a replicarse acá en el Uruguay sobre todo por el efecto de grandes empresas. Ahora se tiene toda una parafernalia mercantil en torno a la Navidad con los regalos de todo tipo, con la fiesta en sí misma, con lo ex temporáneo. No tiene demasiado sentido ver a un arbolito de Navidad cuando entras a un Shopping y está nevando y ver al Papá Noel con las botas de frío y los renos, y acá no hay renos. La gente de alguna manera está reproduciendo las pautas alimenticias que tienen que ver con diferentes corrientes migratorias: el Pan Dulce, el Turrón...En fin una cantidad de alimentos muy calóricos que no corresponden al momento climático, que en Uruguay en ese momento hay pleno verano. Sin embargo, desde la época colonial hasta el presente, se mantienen algunas costumbres, en particular relacionadas a la gastronomía y al ritual de la reunión alrededor de la comida, como parte de la celebración de Navidad.

 

En un mundo tan globalizado. Tan hambriento por lo inmediato. Tan dominado por el avance de la tecnología, por el consumo. ¿Cómo te parece a ti que responden las familias uruguayas cuando celebran la Navidad, si existe una adaptación o una resistencia a estos fenómenos?

Plenamente. Los uruguayos son muy consumistas. Lo que pasa que no habíamos tenido oportunidad de desarrollar esa avidez. Somos cortoplacistas en todo, desde lo político hasta las prácticas cotidianas. La gente se endeuda, compra, hace esfuerzos económicos. También obviamente que tenés personas que son críticas, comunidades que celebran de otra manera, pero en general, la Navidad implica de alguna manera mostrar también ciertas posibilidades económicas. Y la posibilidad sobre todo de poder cumplir con lo que es una actividad, que es algo básico de los seres humanos, y que es el intercambio de objetos, de bienes. Eso lo hacen todos los seres humanos de todas las partes del mundo.

 

¿Hay un antes y un después tras la dictadura militar que haya modificado de alguna manera las costumbres uruguayas de celebrar la Navidad?

No hubo grandes cambios en ese sentido. Sin embargo, durante la dictadura, la Navidad brindaba la posibilidad de que se reuniera mucha gente sin generar sospecha ya que era una sociedad muy controlada. Justamente la reunión de familiares y el intercambio que se generaba allí, no te diría que era un espacio o reunión de resistencia, pero sí un lugar de encuentro en un momento difícil. A diferencia de otras dictaduras, la dictadura uruguaya no tuvo vinculación con el catolicismo, y eso es importante. Entonces, a diferencia de otras dictaduras latinoamericanas que se reafirmaban sobre ciertas tradiciones católicas, acá la dictadura no sólo fue indiferente a la Iglesia Católica, sino que la Iglesia Católica, en ese momento muy influenciada por la teología de la liberación y demás, fue mayoritariamente opositora a la dictadura. Y a parte por tradición del propio ejército y demás, la Iglesia no se mantuvo ajena.

 

¿La legalización del cannabis ha afectado a las fiestas de navidad?

En diferentes celebraciones, he visto personas de 70 u 80 años que fuman cannabis. Antes estaban llenos de prejuicios y ahora fuman cannabis porque el Frente Amplio la legalizó. Me sorprende de cierta manera como eso cambia a la gente. Se ve que les hace bien porque están todos jubilados. Y es porque el Estado le dijo que estaba bien. Lo que tiene de bueno el cannabis en la Navidad es que la gente no se pelea. Este año a partir de que esta gente mayor empezó a tomar estas actitudes, estos hábitos, no hubo ningún tipo de problemas. Así que me parece que es recomendable. Era un parteaguas generacional. Inclusive era algo muy estigmatizante.  Ahora vos ves gente de edades y profesiones inimaginables fumando en Navidad cannabis. Y eso es un cambio que tiene que ver con el tema de la legalización del cannabis en el Uruguay.  Es decir, cómo se introduce una droga ilegal que pasa a ser legal en una fiesta familiar. No en una fiesta electrónica ni en una fiesta juvenil, sino en una fiesta familiar.

 

¿Puede surgir por ejemplo una celebración familiar donde se comparta la marihuana en diferentes generaciones?

Sí yo lo he visto. Estoy azorado como la gente es muy obediente al Estado. En un plano, en otros claramente no. Pero si algo pasa a ser ilegal como el cigarro como pasó en los bares, rápidamente todo el mundo acató. Dejó de fumar en esos lugares donde fumaba. La gente fuma cada vez menos, pero la prohibición fue acatada rápidamente. Este fenómeno está claramente condicionado a si el Estado lo reconoce como legal. Ese nivel de creer que está bien lo que hace el Estado tiene un espacio social muy alto, un respaldo social muy alto. Es muy gracioso. El Uruguay ha cambiado mucho en ese sentido y tiene que ver con eso.

 

¿Qué aspectos positivos y que aspectos negativos le ha aportado la globalización a la celebración de estas fiestas en el caso de Uruguay?

El aspecto positivo de la globalización son las comunicaciones y todas las tecnologías que permite que la gente sea mucho más copresente. No tenés que esperar a Navidad para comunicarte con alguien que está lejos obviamente, pero es un momento donde ritualmente la gente se comunica con personas que están en el exterior. Yo creo que eso sin la globalización era muy difícil. Tenías las llamadas de larga distancia, que venían de afuera, una complicación… bueno ahora eso es instantáneo e inmediato.

 

De aspecto más negativo tiene que ver con esta estandarización y homogenización del consumo en torno a la Navidad. Digamos, es la fiesta del mercado, la fiesta del consumidor. Por lo menos para una parte importante de la población. 

 ¿Con los avances en la igualdad de género, también ha cambiado el paradigma de la celebración de la Navidad en Uruguay

Han cambiado las estructuras familiares también. Hoy hay parejas del mismo sexo que celebran la Navidad con sus hijos, por ejemplo. Dentro del marco de la familia clásica, si bien existe, se convive con otro tipo de familias. Familias monoparentales. Muchas mujeres que están a cargo de los niños. Eso hace también que la Navidad se celebre de otra manera. Lo importante es que la gente le busca la vuelta y busca su arbolito y su manera de llevar esos días de forma diferente. El intercambio es parte de la celebración, que ya no es tanto la celebración de una tradición religiosa, sino de la celebración de algo, de un momento diferente en el ciclo anual. De esos rituales como tenemos de excepción, que generan un tiempo diferente. 

Raúl Levin es periodista y reside en Montevideo, Uruguay. Ha trabajado para diferentes medios de prensa, entre ellos Radio 1010 y Radio El Espectador.

Nicolás Guigou es antropólogo social y profesor en la Universidad de la Republica del Uruguay. Se destaca por su investigación en religión, desarrollo de centros urbanos y comunicación contemporánea, entre otros.

 

Wir haben für euch die perfekte Weihnachts-Playlist für die

kommenden Feiertage. Hört rein!

 


Weihnachten in Mexiko

 

"In der Weihnachtszeit in Mexiko machen wir Posadas. Das sind Weihnachtspartys, die auf Joseph und Maria zurückgehen, als sie eine Unterkunft für die Geburt ihres Sohnes suchten. Viele Leute feiern die Posadas als religiösen Anlass, sie beten zusammen, erinnern sich der biblischen Geschichte und betonen den Wert der Hilfsbereitschaft und Gastfreundschaft. Aber die meisten jungen Leute treffen sich heutzutage einfach, um gemeinsam etwas zu essen und zu trinken. Unter Freunden veranstaltet man Posadas, aber auch unter Arbeitskollegen. Eine richtige Posada hat als Höhepunkt immer eine Piñata: eine große, bunte Figur aus Pappmasché, auf die man mit einem Stock einschlägt, bis sie zerbricht und ihre süße Füllung preis gibt. Diego Rivera hat 1953 ein schönes Bild einer Piñata gemalt."

 

Von Sebastian Riemann

 

Weihnachten in Kolumbien

El sancocho como la reconciliación

 

Seguramente no estoy sólo cuando asocio el sancocho colombiano con la navidad. Recuerdo claramente todos los preparativos previos a la navidad para la cena de media noche. Mis abuelas iban varias veces al mercado para comprar papas, cebollas, mazorcas. Ellas buscaban con severidad el mejor pollo que les permitiera llenar a toda la familia el 24 de diciembre antes de la llegada del niño dios. A vísperas de navidad iniciaban los preparativos donde yo jugaba un papel fundamental, pues debía ir constantemente a la tienda para comprar todo lo que habían olvidado mis abuelas los días anteriores: cilantro, pimienta, ajos, etc., siempre faltaba algo. Llegada la noche nos sentábamos todos y en un acto de reconciliación llegaban un tío y su hijo de la nada para la navidad. Primos y parientes surgían casi por arte de magia. Era como si hubieran salido de la tierra y en sus ansias de las papas del sancocho prefirieran la reconciliación con la familia que perder tal plato. Las

peleas y las diferencias habían quedado atrás. Todo gracias al sancocho de mis abuelas.

 

En el 2018 se conmemoraron 100 años del fin de la primera guerra mundial. Una catástrofe que marcó un nuevo periodo en la historia ha cumplido su primer centenario. La guerra de trincheras llevó a cientos de combatientes a estar durante largas temporadas en espacios angostos, húmedos y fríos. Los fervores nacionalistas que en un principio diferenciaron a los bandos perdieron rápidamente sus banderas en el momento en el que el lodo igualó a todos los combatientes. Franceses, británicos o alemanes, todos estuvieron en un momento en un mismo nivel al soportar el frío y las severidad del invierno. En 1914, el primer año de la guerra, las tropas alemanas decidieron decorar sus trincheras durante la navidad y a vísperas de la misma fueron inevitables los cantos en alemán de la famosa canción de navidad noche de paz (Stille Nacht). Al poco tiempo respondió el enemigo, los británicos, con fieros cantos de navidad en inglés. Por un momento el fervor de los primeros meses de guerra quedó desarmado y lo único que se intercambió entre alemanes y británicos fueron canticos de navidad.

 

Varias historias y cartas relatan como los alemanes y los británicos establecieron una tregua no oficial para recoger a sus muertos y heridos, así como al poco tiempo la calidez de la navidad invitó a los soldados de ambos bandos a jugar un partido de futbol. La película francesa

“Joyeux Noël” (Feliz Navidad) del 2006 relata como la confrontación bélica puede ser reducida a un dialogo entre humanos, por irreducible que parezca. Los únicos soldados que caen en el campo de batalla, son aquello que resbalan por el lodo del terreno de futbol. Unos años antes de estos sucesos, el escritor alemán Kurt Tucholsky publicó una breve historia ficticia titulada “Las papas” (Die Kartoffeln). En esta historia el autor alemán cuenta como durante el sitio de Paris de 1870, soldados alemanes entraron en un tregua similar a la aquí relatada para intercambiar papas. El hambre, el frío, el horror a la muerte le recordó a los soldados que cada uno de ellos es en realidad un campesino con

familia, un hijo ausente cuya madre reza para que no muera en combate, un padre cuyos hijos desean que vuelva. Por un momento una comida tan sencilla como las papas igualó a cada hombre sumergido en esta orgia de muerte y le recordó que los fervores nacionalistas provenientes desde los finos despachos de personas muy importantes no valen nada cuando la miseria de la guerra los ha igualado a todos.

 

En una especie de profecía, Tucholsky logró predecir cómo soldados de diferentes bandos pueden igualarse en lo que los unen y dejar atrás el absurdo de la guerra y del odio. Ya han pasado más de 100 años de esta tregua y estas valiosas lecciones han caído varias veces en el olvido. No obstante, su recuerdo surge de vez en cuando, en el momento en el que los seres humanos son movidos por la nostalgia de la navidad y les recuerda que ante la adversidades de la vida no somos tan diferentes. La zozobra de la guerra y de los odios nacionales continúa presente en el 2018. Los diversos movimientos populistas de derecha de diversos gobiernos a nivel mundial se valen de los odios nacionalistas para enfrentar nuevamente a los seres humanos entre sí. Por ello no es de extrañar ver cómo partidos populistas enfrentan a los habitantes de un país con los extranjeros. Basta ver el éxodo venezolano en Latinoamérica, la gran caravana de inmigrantes en Centro América, las personas

refugiadas en Europa o aquellas que están presas a manos de mafias en las cárceles  de Libia soportando las vejaciones a los derechos humanos, para comprender que aún seguimos odiándonos 100 años después de la guerra.

 

En esta navidad estas personas que viven en medio de la crisis desearán tener un intercambio de papas. Mejor aún un intercambio de sancochos, que les dé una tregua de los odios nacionalistas y les permita reconciliarse con el enemigo. Las mismas papas que mis abuelas

pelaban con tanto cariño y cuidado para satisfacer a mis tíos mientras ellos se reconciliaban, pueden reconciliar a cientos de pueblos enfrentados. En la historia ya ha sucedido. Seguramente volverá a suceder siempre y cuando estemos dispuestos a darle un plato de sancocho a aquella persona que odiamos. Si puedo dar un consejo: no olviden nunca el cilantro, pues de lo contrario tendrán que correr a comprarlo en la tienda de la esquina para poder salvar la cena de Navidad.

 

Una columna de Luis Yonathan Tocancipá Leaño



Passend zur Jahreszeit und pünktlich zum großen Feiertag des dia de los muertos (Tag der Toten) hat sich das Matices Team auf die Suche nach einem spannenden Artikel rund um die besondere Feierlichkeit gemacht. In unserem neuen Online-Special möchten wir Themen, Feiertage, besondere Anlässe und Geschehnisse rund um Lateinamerika, Spanien und Portugal und in Relation zu aktuellen Ausgaben beleuchtet.

 

Da Mexiko einen zentralen Punkt in unser 29ten Ausgabe Mosaiken in Mexiko eingenommen hat, sind wir mehr als begeistert die aktuelle Feierlichkeit des Tages der Toten in Mexiko mit der damaligen Ausgabe zu verbinden und neu thematisieren zu können. Wir freuen uns allen, die vom Special-Artikel angeregt sind und mehr über Mexiko erfahren möchten, ein Exemplar der 29ten Ausgabe zu verkaufen und nach Hause zu senden. 

El dia de los muertos

In Mexiko feiert man mit den Toten, anstatt um sie zu trauern.

Es ist ein buntes, lautes Fest, schön und traurig zugleich.

Ein Artikel von Sebastian Riemann

Es ist diese Zeit im Jahr, in der sich alles verändert und vom Alltag abhebt. Eine außergewöhnliche Zeit, die man sehen, spüren und auch schmecken kann. Die Luft riecht anders, das Sonnenlicht verströmt einen besonderen Glanz und die Leute tragen andere Gesichter, da sie nicht von früh bis spät ans Geld, an die Arbeit und Verpflichtungen denken. Alles ist leichter, da der übliche Alltag in den Hintergrund tritt. Die kleinen Sorgen und Ärgernisse wiegen nicht mehr so schwer, denn es ist die Zeit gekommen, da die Lebenden und die Toten wieder vereint werden. El dia de los muertos, der Tag der Toten, ist ein Höhepunkt der mexikanischen Kultur und verändert für kurze Zeit das Leben in diesem großen, bunten Land.

 

Seit Wochen schon sieht man in den Fenstern der Restaurants und Geschäfte bunte Figuren hängen, die auf das kommende Ereignis hinweisen. Es sind fröhliche Figuren, sie lachen, singen, tanzen, trinken Tequila und essen gut gefüllte Tacos. Die Frauenfiguren tragen oft ein Kleid, dazu leuchtend rote Blumen und einen großen Hut. Die Männerfiguren gerne einen Zylinder und frisch polierte Schuhe. Sie bestehen nur aus Knochen und einem Mund voller weißer Zähne, sehen trotzdem gut aus und verstehen es, Spaß zu haben. Diese gut gelaunten Skelette feiern den Tod und das Leben zugleich. Dadurch sind sie die Personifizierung des anstehenden Feiertags, der Idee von der Verschmelzung der beiden Welten. Man hängt sie als Ausschmückung in die Fenster, so wie man andernorts Weihnachtsfiguren oder Tannenbaumzweige im Dezember aufhängt. Sie stimmen ein, auf das kommende Fest.

 

In den Supermärkten tritt der Tag der Toten auch rechtzeitig in Erscheinung, um konsumiert zu werden. Es werden allerhand Accessoires und Geschenke zur Feier angeboten, aber auch Bierflaschen und Kekspackungen mit Skelettmotiven. Die Leute kaufen Totenköpfe aus Zucker, Dutzende Kerzen mit dem Bildnis der Jungfrau von Guadalupe und viele Blumen, mit denen sie die Gräber schmücken. Die Bäckereien bieten das pan de muerto an, das Brot des Toten. Eine süße Spezialität, die es nur zu diesem Feiertag gibt und die dem Geschehen einen besonderen Geschmack verleiht. Ein Schädel und vier Knochen bilden die Verzierung für dieses zuckerhaltige Gebäck mit Orangenaroma.

 

Das wichtigste Detail der Ausschmückungen sind jedoch die Cempasúchil  Blumen, die auch als Blumen der Toten bezeichnet werden. Nicht nur in den Blumenläden werden große Mengen davon angeboten, sondern auch auf der Straße. Bauern parken ihre Pick-ups am Rande der Wochenmärkte oder schlichtweg an den gut befahrenen Kreuzungen, dort wo man sie leicht sehen kann. Von den Ladeflächen ihrer Lieferwagen verkaufen sie die Blumen direkt an die Laufkundschaft, die in der Regel so viel kauft, wie sie tragen oder in den Kofferraum des Autos stopfen kann. Denn die Blumen der Toten werden großzügig verwendet, man stellt sie nicht in Form eines kleinen Straußes in eine Vase, sondern verteilt große Mengen der feurig orangenen Blumen auf den Gräbern der Verstorbenen, so dass die trockene Erde nicht mehr zu sehen ist. Die Cempasúchil Blumen prägen das Bild der Friedhöfe, sie geben dem Tag der Toten die nötige Farbe und den einzigartigen Duft. Das Ganze ist ein Volksfest, dem man nicht entgehen kann. Überall sind die fröhlichen Skelette, die Backwaren und Blumen zu sehen und erinnern an die Außergewöhnlichkeit der anstehenden Tage. Die Stimmung ist anders in dieser Zeit, die Straßen werden geschmückt und jedermann trifft Vorbereitungen für die Feierlichkeiten. Es ist ein allgegenwärtiges Fest, das bunt, laut und lecker ist.

 

Am 2. November ist es dann soweit, die Lebenden beladen sich mit Sträußen und Gaben, betreten die Friedhöfe und finden sich an den Gräbern der Verstorbenen ein. Die sonst ruhigen Andachtsstätten verwandeln sich binnen weniger Stunden in farbenprächtige Familienfeiern. Sowohl die einfachen Gräber als auch die aufwendigen Mausoleen mit Säulen und Engelsfiguren werden mit reichlich Blumen geschmückt und derart aus ihrer eintönigen Ruhe geholt. Rote und weiße Tupfer mischen sich in das Meer der orangenen Cempasúchil, Rosen, Lilien und Orchideen, je nach Geschmack der Verstorbenen. Kerzen werden angezündet und zwischen die Blumen gestellt, dazu Fotos der Dahingeschiedenen.

 

An vielen Gräbern stehen Musiker neben den Familien und spielen ein paar Lieder zu Ehren der Toten. Manchmal bereiten sie den Verstorbenen eine besondere Freude und geben ihre Lieblingslieder zum Besten. Das Lied, das die Tante immer gesungen hat, wenn sie für ein Fest gekocht hat und guter Laune war. Das Lied, bei dem sich die Großeltern kennengelernt und verliebt haben. Eine alte Hochzeitsmelodie. Alles, was den Geliebten, die nicht mehr auf Erden wandeln, eine Freude bereiten kann. Glücklich sollen sie sein und diesen Tag genießen.

 

Natürlich spielt das gemeinsame Essen eine wichtige Rolle am Tag der Toten. Die Familien kommen mit Klappstühlen und prall gefüllten Tupperdosen auf den Friedhof, denn die wichtigste und schönste Art, vereint zu sein, ist das gemeinsame Schmausen. Das gilt in Mexiko für die Lebenden und Toten gleichermaßen. Und so wird am Grab ein Familienessen veranstaltet mit allen, was dazugehört: Tortillas, Bohnen, Avocado, Chilisoße, Fleisch und Gemüse. Es werden Tacos, Burritos, Enchiladas, Gorditas, Sopes, Gringas, Tostadas, Tortas, Tamales, Enmoladas, Enfrijoladas und Kaktussalat aufgetischt, damit alle Anwesenden glücklich sind und sich besser der vergangenen Familienessen erinnern können, da auch noch die Verstorbenen zu den Lebenden zählten. Beim Essen vereinen sich Vergangenheit und Gegenwart, die Toten steigen aus ihren kalten Gräbern und gesellen sich zu ihrer Familie. Es werden Teller mit ihren Lieblingsspeisen bereitgestellt, damit sie am Essen teilnehmen können. Gemeinsam begeht die Familie den Feiertag. Es handelt sich nicht um einen Trauerdienst, bei dem man an die Verstorbenen denkt und ihnen im Jenseits alles Gute wünscht. Es ist ein Moment des Zusammenseins, denn die Toten werden nicht als Erinnerungen beweint, sondern aus den Erinnerungen und Gräbern in die Gegenwart geholt, um wieder Teil der lebendigen Welt zu werden.

 

Die Kinder bekommen Cola zu trinken, die Erwachsenen Bier, Tequila und Mezcal. Bis spät in die Nacht wird bei Kerzenlicht gegessen und getrunken, werden alte Geschichten erzählt von Hochzeiten, Geburtstagen und gemeinsamen Urlauben. Geschichten, in denen die Verstorbenen vorkommen und eine wichtige Rolle spielen. Es werden Witze gemacht und Sorgen geäußert. Tränen fließen in Strömen, immer wieder hört man jemanden auf dem Friedhof aufschreien, der die Verstorbenen so sehr vermisst, dass er es nicht ertragen kann. Es ist im wahrsten Sinne des Wortes herzzerreißend. Zugleich ist es aber auch schön und ermutigend, denn niemand bleibt mit seinen Sorgen am Tag der Toten allein. Die gesamte Familie ist anwesend, um die Trauer aufzufangen und sich der Schönheit des Lebens zu erinnern. So sehr man auch um das Ableben der Geliebten trauern mag, so sehr genießt man es, wieder mit ihnen vereint zu sein, die Erinnerungen an sie lebendig werden zu lassen. Es ist das Auflösender Grenze zwischen Lebenden und Toten, ein kleiner Sieg gegenüber der Vergänglichkeit.

 

In anderen Kulturen ist der Tod ein großes, schwarzes Loch, ein gigantisches Nichts. Man spricht nicht über ihn und vermeidet es, an ihn zu denken. Man will sich den Tod fernhalten. Deshalb runzelt man die Stirn oder verzieht den Mund, wenn man von Mexikanern hört, die auf dem Friedhof zusammen mit den Toten essen. Es mutet allzu merkwürdig an, dass die Leute keinen Bogen um dieses große Nichts machen, es vielmehr mit Musik, Tacos, Tequila und Cempasúchil  Blumen füllen. Sie machen es, damit die Tränen der Trauer auch von Tränen der Freude begleitet werden, damit der Tod ein Stück menschlicher wird.

 

Indigener Ahnenkult und katholische Kirche

In einem so großen und vielfältigen Land wie Mexiko gibt es nicht die eine Art, den Tag der Toten zu feiern, sondern eine Vielzahl an Varianten. Schließlich ist diese Feier eine Verschmelzung christlicher und indigener Elemente. Die kirchlichen Feiertage Allerheiligen und Allerseelentreffen dabei auf unterschiedliche Formen des Ahnenkults, der in allen indigenen Gruppen des Landes auf besondere und einzigartige Art begangen wird. Die Variationen sind entsprechend groß. So kann der wichtigste Teil der Feierlichkeiten vom Friedhof auf die Straße verlagert werden. Dann verbringen die Familien den Tag nicht mit ihren Verstorbenen, sondern werden Teil eines großen, karnevalesken Umzugs, der allen Toten und Lebenden der Gemeinde gilt. Die Erinnerungen werden bei Trank und Tanz belebt, anstatt bei einem Essen am Grab. Bei anderen Gruppen wird die Verbindung zwischen Totentag und dem landwirtschaftlichen Zyklus offenbar, da das Gedenken an die Ahnen zugleich eine Form des Erntedankfestes darstellt. Die Verstorbenen, die früher auch die Götter waren, werden besänftigt, nachdem die Ernte erfolgreich eingeholt wurde und der neue Zyklus des Lebens, der sich in den Jahreszeiten und den landwirtschaftlichen Tätigkeiten widerspiegelt, erneut in Gang gesetzt wird.

 

Der Altar für die Toten

Den Toten wird nicht nur im öffentlichen Raum auf den Straßen und Friedhöfen gedacht, sondern auch in Form eines privaten Altars im Haus der Familie. Daheim wird ein Tisch mit Blumen, Fotos, kleinen Gaben, religiösen Artikeln und buntem Papier geschmückt. Es ist die Einladung an die Verstorbenen, ins Haus einzutreten und sich wieder mit der Familie zu vereinen. Auf dem Altar warten all die Dinge, die den Toten im Leben so gefallen haben: Tequila, Bier, Zigaretten, Gebäck in allen möglichen Formen, Schokolade, Kaffee, Orangen, Äpfel, Nüsse, Tamales etc. Sie sollen diesen Tag genießen, so wie sie zuvor ihr Leben genossen haben, mit Leckereien und ihren Lieblingsgetränken. Dazu gesellen sich Weihrauch, Bilder der heiligen Jungfrau von Guadalupe und Kerzen als Ausdruck des katholischen Glaubens. Die Cempasúchil Blumen dürfen dabei nicht fehlen, denn neben ihrer Bedeutung als Blumen der Toten kommt ihnen beim heimischen Altar eine zusätzliche Aufgabe zu. Aus den orange leuchtenden Blüten wird nämlich eine Spur gelegt, die den Toten den Weg weisen soll. Auf der Suche nach der Familie wird ihnen geholfen, das richtige Haus in der richtigen Straße zu finden. Die Blütenspur führt zum Altar, wo sie ihre Fotos und Gaben finden, sich sicher sein können, wieder mit ihrer Familie zusammen zu sein. Der Altar im Haus ist besonders wichtig für diejenigen Familienmitglieder, die verzogen sind und keine Möglichkeit haben, den Friedhof der Verwandten am Tag der Toten zu besuchen. Da die Gräber für sie in unerreichbarer Ferne sind, inszenieren sie die Begegnung mit den Toten in den eigenen vier Wänden, fernab ihres Heimatortes, wo der Friedhof mit Musik, Essen und Tränen belebt wird.

 

Für herausragende Persönlichkeiten des öffentlichen Lebens werden in den Stadtzentren besonders große und prächtige Altäre aufgebaut. Sie erinnern an verstorbene Universitätsdirektoren, Stiftungsleiter, Bürgermeister, Künstler usw. Dort können sich alle Freunde und Verehrer einfinden und ihren Respekt zollen, sich von den Verblichenen verabschieden. Diese Altäre dienen hauptsächlich der Erinnerung und der Darstellung, sie haben nicht die Absicht, die Lebenden und die Toten zusammenzubringen.

Verkleidete und geschminkte Menschen auf den Straßen
Verkleidete und geschminkte Menschen auf den Straßen
Grab geschmückt mit Cempasúchil Blumen.
Grab geschmückt mit Cempasúchil Blumen.
Geschmückter Altar
Geschmückter Altar

Der día de los muertos ist ein bunter, fröhlicher und geselliger Feiertag.

Da Musik ein entscheidender Bestandteil der Feierlichkeit ist, haben wir

für euch eine Playlist mit passender Musik erstellt. Hört rein!


Ausgabe: Mosaiken in Mexiko
Mosaiken in Mexiko: Religion, Philosophie, Kunt, Städtebau, Politik, Literatur und mehr.

Ausgabe 29: Mosaiken in Mexiko
Religion, Philosophie, Kunst, Städtebau, Politik Literatur und mehr.
3,00 €

Projektgruppe Matices e. V.

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In der alten Feuerwache

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